Por alguna extraña estrategia de marketing, Scholastic, la editorial que publica los libros de Harry Potter, demora varios meses en sacar las versiones en otras lenguas que no sean el inglés.
En ese período, muchos lectores impacientes -y bilingües- de todo el mundo optan por comprar y leer la versión original en vez de esperar la traducción oficial, que según los entendidos (es decir, fans de la saga que hablan muy bien ambos idiomas), al menos en el caso del español, tiene un nivel muy bueno.
Dentro de ese gran grupo, que sólo en la Argentina lo integran más de 10.000 personas, hay una pequeña comunidad solidaria que además de leer el libro se ha dedicado a traducirlo y ponerlo a disposición de los no angloparlantes, obviamente a través de internet y sin ningún fin de lucro.
Los casos más conocidos son los del blog Spanish Hallows que puso on line el séptimo libro completo en español en cuestión de días, al igual que Proyecto DH que también publicó su propia versión en español a pocas horas de lanzada la versión en inglés. Otro caso resonante fue el del joven de 16 años que hizo lo propio, pero traduciéndolo al francés y terminó preso, aunque finalmente mereció el perdón de la propia JK Rowling.
Según datos divulgados en diversos medios, más de cuatro millones de personas bajaron de internet alguna de estas versiones “no oficiales”. Imaginemos que hay un millón más que lo recibió por algún otro medio (se la pasó un amigo que lo bajó o comparte la máquina con alguien que ya lo tiene o lo buscó mediante Emule u otro programa P2P).
Ahora, con un cálculo muy pesimista, pensemos que solamente la mitad de los que tienen estas versiones las leyeron. Esto implica que al menos 2.500.000 personas ya tuvieron su primer contacto con un e-book (y probablemente muchos ya habían leído con esta misma modalidad también el libro 6 y quizás también el 5 de la saga Potter).
Es decir que para ellos ya no es algo raro leer un libro completo en pantalla o ir imprimiendo por capítulos o bajarlo en algún hardware que les permita leerlo en el colectivo.
Por eso, aunque hoy los acusen de violar los derechos de autor, los persigan, los metan presos o los traten como criminales creo que la industria del libro recordará algún día a estos bloggers/traductores como los primeros “mártires” del e-book. Con su humilde acción solidaria lograron demostrar que hay una nueva generación de millones de lectores que no necesita ir a la librería para “adquirir un libro”; que no le interesa si “no hay stock” de lo que busca, si está “agotado” o si la editorial lo tiene “fuera de catálogo”; que no le preocupa si lo que quiere leer no viene impreso sobre papel y que demuestra que lo más importante no es el soporte sino el contenido.
A la velocidad que se mueve la industria editorial, creo que a pesar de este claro mensaje del público, el resultado final se verá a muy largo plazo.
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