Deifiniciones 2: Spivacow

SpivacowPara muchos ser editor es un oficio como cualquier otro, como fabricar salchichas que le gusten al público, para que el público las compre, el público las coma y el público gaste más. Es decir, es buscar los gustos del público, tratar de interpretarlos y ajustarse a ellos fabricando libros, fascículos… para satisfacer ese afán, esa demanda.

Para otros, es formar al público. Para mi ha sido siempre formar al público. Es decir, no es que yo sea autoritario, que yo quiera que el público se someta a mis gustos personales, pero creo que ser editor es tratar de encaminar al público en cierta dirección, tratar de ampliar las cosas mejores que hay en su mente, en sus sentimientos -que halle en sus conocimientos las cosas que pueden ser útiles a la sociedad, que pueden ser útiles para él mismo. Son conceptos distintos de ser editor. Entonces yo, toda mi vida, desde que soy editor, trabajé con esta idea… Pensando, por ejemplo, que era bueno que el público conociera distintas formas del pensamiento humano, distintas formas del sentimiento humano, distintas formas de la expresión humana. Para mi eso es fundamental.

No es que sea un atenido, sino más bien un hombre que trata de formar. Pero, por supuesto, eso tiene bastantes contras… Cada uno puede tratar de formar al prójimo, y hay que ver cómo trata de formarlo. ¿A su imagen y semejanza? ¿Para que piense como piensa él? No, yo no pretendo que la gente piense como pienso yo, pero trato de que la gente aprenda a pensar, aprenda a interpretar sus sentimientos. Pero sobre todo, ahora lo que pretendo es tratar de ver mejor porque tengo unas cataratas bárbaras.

(Fragmento de Boris Spivacow. Memoria de un sueño argentino de Delia Maunás. Editorial Colihue).

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